Era en ese escenario del alma, donde bailaban tus ojos. En ese teatro florido y lleno de alegria como tu dorada cabellera, donde los espectadores eran mis pupilas dilatadas por semejante belleza. Donde las cortinas eran celestes como tus ojos y las personas se paraban para ovacionar la actuación, de quien supo mostrarme la más hermosa de las sonrisas. En bastidores llenabas el aire de encanto, haciendo gala de tus finas atribuciones.
El elenco acompañaba tus movimientos, sin quitarte protagonismo, sin alterar mi encantamiento. Aquel teatro de celestes cortinas, era el lugar donde lloraban mi penas. Era el lugar donde te veia todas las noches. Era el lugar donde te admiraba y esos besos, que a medias conocí, extrañaba. Era el lugar donde actuabas y no me mirabas. Era el lugar donde la soledad se materializaba y mi corazón por dentro lloraba.